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¿Vale la pena un título universitario hoy? transcript

Moris_Dieckonomics · @MorisDieckonomics

Published May 17, 202621:18209.9K views

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estudia y te irá bien. Creo que la mayoría de nosotros hemos escuchado esta frase en algún punto en nuestras vidas. La promesa de que si te gradúas de la universidad tendrías garantizado estabilidad, dinero y bienestar. Por décadas nadie lo cuestionó, pero ¿qué pasa cuando esa promesa empieza a desmoronarse? Hoy en día, millones de personas siguen invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo en licenciaturas que pueden llegar a costar en su totalidad al menos un millón de pesos con el objetivo de titularse porque como dicen por ahí, papelito habla. Todo

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estudia y te irá bien. Creo que la mayoría de nosotros hemos escuchado esta frase en algún punto en nuestras vidas. La promesa de que si te gradúas de la universidad tendrías garantizado estabilidad, dinero y bienestar. Por décadas nadie lo cuestionó, pero ¿qué pasa cuando esa promesa empieza a desmoronarse? Hoy en día, millones de personas siguen invirtiendo tiempo, dinero y esfuerzo en licenciaturas que pueden llegar a costar en su totalidad al menos un millón de pesos con el objetivo de titularse porque como dicen por ahí, papelito habla.

Todo esto solo para encontrarse con un mercado laboral saturado, con el 50% de los empleadores priorizando la experiencia sobre el título. En pocas palabras, una realidad totalmente diferente a la que les prometieron. Entonces, ¿por qué le ponemos tanto peso al título universitario? ¿Es cierto que ya no sirve de nada o es algo más complejo que eso? Por años contar con un título universitario era más que un mero trámite.

Tener un boleto directo a un futuro mejor era sinónimo de éxito. Inspiraba respeto y confianza y aseguraba la posición social de la persona. En pocas palabras, era una garantía. A una persona que estudiara una carrera y obtuviera un título universitario se le prometía, primero que nada, un empleo formal, prestaciones de ley y la posibilidad de crecimiento. También un buen puesto dentro de la empresa y salarios más altos a comparación de aquellos que no fueran respaldados por uno.

Se le prometía estabilidad y la verdad es que durante varias décadas esto se cumplió. Había una clara diferencia entre las personas que contaban con un título y los que no. Pongamos un caso que escuché una vez. Digamos que Óscar trabajaba como técnico en una línea de producción de una gran empresa. Había trabajado ahí por una buena cantidad de años, por lo que se volvió un experto en el manejo de la maquinaria. Si alguien tenía un problema, necesitaba un consejo o quería tomar una decisión referente a las máquinas, sabía que Óscar podía ayudar.

Solo había un detalle. Su conocimiento no provenía de una institución, sino de la experiencia y la práctica constante. No estudió una carrera universitaria, ni contaba con un título. En algún punto, la empresa decidió que era hora de traer personas que supervisaran el buen funcionamiento de la línea de producción. Empezaron a traer ingenieros, pero había un problema. Ninguno tenía el conocimiento necesario para realizar el trabajo. ¿Y cuál era la solución de la empresa?

Pedirle a Óscar que les enseñara todo lo que sabía. Y Óscar lo hizo, les transmitió todo lo que aprendió en esos años. Una vez que estaban listos, ocupaban puestos mucho más altos que él, mientras que Óscar seguía en su puesto de técnico. Él tenía el conocimiento y la experiencia, pero ellos tenían lo que buscaba la empresa. Ya hace varios años esto era demasiado normal, una muestra más de lo que todos sabían. Papelito [música] habla.

Claro, esto era apoyado por educacionismo, un fenómeno en el que las personas que reciben más educación tienen prejuicios hacia quienes reciben menos. Y no es un fenómeno nuevo. En los 80s, el sociólo, Pierrebw lo llamó el racismo de la inteligencia. Por una parte se crea un grupo con una sensación de superioridad y por el otro sensación de estigma y vergüenza en los demás, sobre todo en sociedades que se basan en la meritocracia, donde se espera que los logros sean con base en la inteligencia y el trabajo duro, sin tener en cuenta otros factores sociales.

Esto hace que se ponga demasiado peso en la educación, llegando a pensar que la educación por sí sola puede subir a alguien de posición social. Y ahí aparece el problema. Aunque la educación sí es un gran factor, no se le puede acreditar todo el peso del bienestar de una persona. Si juntas todo eso, terminas con una generación que vio de primera mano que los que tenían un título universitario llegaban más lejos que los que no, que estaban más arriba en la pirámide social y que sin título las oportunidades disminuían, los salarios bajaban y el nivel de vida se estancaba.

Por eso no es de extrañar que esa generación impulsara a la siguiente a estudiar una carrera, a tener ese papelito que todos los empleadores anhelaban. Pero las siguientes generaciones se encontraron con universidades saturadas al igual que el mercado laboral. El título pasó de ser una garantía a ser más bien una ilusión. Se vendía la misma promesa de siempre, sin tener en cuenta que los tiempos habían cambiado. En el 2021, una encuesta de la OCDE dijo que en México cinco de cada 10 profesionistas no trabajaban en el área que estudiaron y uno de cada cuatro lo hacía de manera informal.

Y en el 2025 los datos mostraron que aunque un 80% de los trabajadores cuentan con un contrato, tan solo el 26% recibe prestaciones superiores a las de la ley y el 16% ni siquiera cuenta con prestaciones, sobre todo mujeres. Eso sí, hay una diferencia entre lo que gana un egresado, universidad a un graduado de preparatoria. El primero gana en promedio entre 11,000 y 16,000 al mes, mientras que el segundo entre 6,000 y 9,000. pero siguen sin ser los grandes sueldos que en algún momento se esperaba con el título, sobre todo porque asistir a la universidad y titularse sigue representando una inversión de tiempo, dinero y esfuerzo.

Si hablamos del costo a estudiar la universidad en México, es necesario decir que puede variar dependiendo de varios factores como los costos de vida, vivienda, comida, transporte, materiales como libros y, por supuesto, la carrera. Y eso sin contar los costos de titulación que suelen rondar los 10,000 pes. Pero la mayor diferencia de costos proviene de si se elige una institución pública o privada. Según el INEGI, el costo anual promedio en una universidad pública es de alrededor de 1,000.

Pero hay algunas como la UNAM que son más accesibles contando con una cuota inscription simbólica, por lo que se termina pagando solo unos centavos al año. En cambio, el costo anual en una universidad privada es considerablemente mayor, con las instituciones más caras rondando entre 130 y 190,000 pes el semestre. Es una diferencia abismal. Ponle que una carrera completa en una pública costaría entre 1,000 y 50,000 y en una privada sería más de 1 millón.

Entonces, ¿cuál es la razón que unos elijan una universidad privada cuando tienen escuelas de renombre como la UNAM por precios mucho más accesibles? Bueno, muchas veces es [música] por el prestigio que dan. La educación privada en México va más allá del impacto académico. Se rige por lo social, por las relaciones, por las influencias que se forman entre las personas que asisten. Existe un componente simbólico y social muy fuerte.

Algunas instituciones en México como la Universidad Iberoamericana, el ITM y el Tecnológico de Monterrey han sido percibidas como universidades de élite, más que nada por el círculo social y profesional que generan, por lo que familias con ciertos recursos y conexiones sociales tienden a privilegiar estos ambientes exclusivos, buscando mantener y reproducir ese entorno social. Otro factor es que en estas universidades se suele destacar la infraestructura de vanguardia, redes de incubación, acreditación internacional y colaboración con instituciones de otras partes del mundo.

Sí representan una inversión más grande, pero a cambio ofrecen a los estudiantes redes profesionales más robustas y formación en contextos globales. Ojo, esto no necesariamente significa que una escuela privada sea mejor que una pública. Todo depende de qué se busque. Ya vimos que la universidad pública, al ser financiada por el Estado, son más accesibles en cuestión de precios, pero cuentan con otras ventajas. La mayoría de las universidades públicas invierten en investigación y desarrollo, por lo que cuentan con profesores altamente especializados en sus campos.

Y no solo da mayor acceso a conocimiento actualizado, también tienen una oferta de carreras mucho más amplia con carreras que tal vez tienen poca rentabilidad en el mercado, pero que atraen a personas genuinamente interesadas en ellas. Además, las universidades públicas fomentan la autosuficiencia, el pensamiento crítico, la libertad de expresión y la diversidad de ideologías entre los alumnos. Cada una aporta la sociedad a su manera y creo que podemos decir que la universidad sigue siendo la meta de muchos.

La gran pregunta es, ¿es cierto que el título universitario está perdiendo relevancia? ¿Y de ser así, por qué, mi gente, antes de revisar correos o antes de abrir redes, hay una decisión que ya estás tomando cada mañana. ¿Cómo empiezas tu día? Podrías prepararte cualquier café o podrías tratar ese momento como lo que es la primera inversión de cada mañana. Por eso nace Café El Capital, un café premium mexicano 100% arábica y de altura.

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Ser titulado universidad era una rareza. Y como sabemos, mientras menor sea la oferta y mayor la demanda, el valor del producto o servicio aumenta. Y fue justo esto lo que sucedió con los títulos universitarios. [música] Las empresas necesitaban personas especializadas que ocuparan puestos gerenciales y que pudieran cargar con grandes responsabilidades. Sí, necesitaban egresados universitarios, pero más específicamente necesitaban titulados.

Como había pocas personas con título, [música] se volvieron valiosas. Conseguían trabajo rápidamente después de graduarse con un sueldo alto y un ascenso casi asegurado en su futuro. Se puede decir que en ese entonces la universidad era una inversión que daba resultados garantizados. Al cursar 4 años de estudio se podía vivir una vida entera de estabilidad y con una alta calidad de vida. Pero, ¿qué fue lo que cambió?

Verás, la universidad se masificó. En otras palabras, se volvió más accesible. Ojo, claro que es bueno que la universidad fuera accesible para una mayor parte de la población. El problema radica más bien en el sistema. Ahora hay muchas personas con título universitario, pero la cantidad de puestos laborales no aumentan a la misma velocidad. Para que te des una idea, a finales de los años 50s había alrededor de 17,000 estudiantes de licenciatura en Universidades Estatales de México.

Para finales de los 70s, esa cifra había subido a más de 200,000 estudiantes y actualmente se estima que el 34% de los jóvenes mexicanos entre 18 y 22 años accede educación superior sumando alrededor de 1.2 millones de egresados a la fuerza laboral del país cada año. Pero un punto muy importante es el tipo de carreras en el que se están centrando los estudiantes. [música] Los cambios tecnológicos y demográficos hacen que la demanda por ciertas carreras aumente o disminuya.

En México, el 46% de la matrícula universitaria se concentra en carreras tradicionales como derecho, administración y contabilidad que ya se encuentran saturadas. Esto provoca un desfase entre la oferta educativa y la demanda real de empleo. Según el IMCO, si se mantiene igual la tendencia actual para el 2050 país formará cerca de 29,000 de profesionistas en áreas con baja demanda laboral, mientras que las vacantes en sectores estratégicos como energía y tecnologías de la información estarían vacías.

La sobrepoblación de profesionales sigue la misma regla de la oferta y la demanda. Mientras más haya, menos valor tendrán. Por lo que no es difícil de creer que poco a poco contar con un título universitario ha empezado a perder peso, pasó de ser algo único a convertirse en el estándar. Entonces, los empleadores empezaron a agregar requisitos de titulación apuestos que anteriormente no requerían título, a pesar de que el trabajo en sí no había cambiado.

Un fenómeno conocido como inflación de credenciales, en el cual si alguien quiere destacar ahora tiene que estudiar [música] un posgrado, realizar cursos, dominar varios idiomas o contar con experiencia laboral. Todo esto como un agregado al título que ya es de cajón. Así el título pasó de ser una garantía, a ser un requisito más [música] y eso trae varias consecuencias. Por un lado, hace que las personas tarden más años adquiriendo credenciales, que los diferencien de los demás, lo que se traduce a más años estudiando y por lo mismo a entrar a la fuerza laboral más tarde, lo que afecta a las finanzas personales de la gente como el desarrollo económico del país, porque no son unos cientos ni unos miles, es toda una generación que se enfrenta a este problema.

Por otra parte, una vez que están listos para empezar su vida laboral, se encuentran con otros obstáculos, el desempleo y el subempleo. Que estés preparado no significa que vayas a encontrar un trabajo acorde a tus habilidades o peor aún que encuentres trabajo. Las estadísticas indican que la tasa de desempleo entre los egresados universitarios en México es cerca del 25%. Una cifra impresionante, pero sobre todo alarmante, que saca relucir lo difícil que es la inserción laboral para los nuevos profesionistas.

[música] Al igual que el desempleo, el subempleo es una medida que se contabiliza en los informes de distintos países cuando se habla de trabajo. Hablamos de subempleo, cuando un profesionista trabaja en empleos poco calificados, mal remunerados o de medio tiempo. [música] Esto es porque no encuentran empleos de tiempo completo en el que puedan usar la totalidad de sus habilidades. En algunos casos, las personas que no pueden encontrar trabajo en su campo, incluso llegan a abandonar por completo el mercado laboral.

Estas altas [música] tasas de desempleo combinadas con puestos o salarios que muchas veces no corresponden con el nivel educativo y credenciales que se tienen, suelen generar un ciclo de frustración extrema. Pero como vimos, el problema no solo radica en las empresas y el entorno laboral, también lo hace en las universidades. No solo producen una sobrepoblación de profesionistas en campos saturados, también cuentan con planes de estudios obsoletos [música] que no preparan a los estudiantes para el mercado laboral actual, sino para el de hace años.

Eso crea un desface entre lo que las universidades enseñan y lo que el mercado necesita. Y no, no es porque las instituciones académicas sean tercas y no quieran cambiar, más bien es por la velocidad en la que cambia el mercado laboral frente a los planes de estudio. Las empresas ajustan los perfiles que necesitan en lapsos cada vez más cortos, mientras que los programas académicos tardan años en modificarse. En ese tiempo que tardan en hacer el cambio, la tecnología ya avanzó y las habilidades requeridas no son las mismas.

Por lo que ahora cuando un titulado entra al mercado laboral muchas veces se da cuenta que las habilidades que aprendió no son las que le ayudan a sacar el trabajo adelante. Hay quienes se enfrentan a puestos que piden herramientas que no vieron en clase, procesos que no conocen y experiencia que no tienen. Es por eso que las personas empezaron a recurrir a cursos en línea, certificaciones y diplomados que los ayuden a ponerse [música] al día rápidamente.

Según Page Group, en México, cerca el 64% de las personas prefieren capacitarse a través de cursos digitales, porque lo importante está en mantenerse vigente, seguir aprendiendo y estar a la par del mercado. Además, las empresas se centran cada vez más en la experiencia y habilidades prácticas de los profesionistas. Ya no basta con tener un [música] buen currículum. Ejecutivos de Amazon, Cisco, Kurt Geiger y Apple han recalcado que el éxito [música] depende de la actitud, mientras que empresas como Google, Microsoft, IBM y Deloit han eliminado los requisitos de titulación universitaria.

Según la firma Great Place [música] to Work, este cambio se debe en parte al aumento de líderes con poder de contratación que no tiene un título universitario. Por ejemplo, Mark Zuckerberg, quien abandonó la universidad para centrarse en Facebook, ahora dirige Meta, un imperio valorado en más de 1.4 billones dólares, por lo que su filosofía de contratación es encontrar personas que dominen una habilidad en específico.

[música] De esta manera intentan contrarrestar la falta de práctica que se tienen las universidades, aparte de que no se excluye a personas que están calificadas para el trabajo, pero no cuentan con un título. [música] En otros países ha pasado algo similar. En Alemania, estudiar y trabajar ocurre al mismo tiempo mediante un modelo dual. Y en Reino Unido existen rutas profesionales que no [música] pasan por la universidad tradicional.

En México, el 50% de los empleadores prioriza la experiencia sobre el título universitario. No es raro ver que en una vacante se pidan mínimo 5 años de experiencia, lo que resulta imposible para los recién egresados. Pero aún así, parece ser que el título sigue siendo una base importante de México, ya que si una empresa no sabe medir por [música] competencias, lo termina haciendo por el papel. Algo es seguro. Lo que ya no funciona es asumir que con el título basta.

Entonces, después de todo esto, en realidad nos conviene seguir dedicando tiempo, dinero y esfuerzo a una institución de nivel superior? ¿Cuál es el beneficio real de ir a la universidad? Puede que estudiar una carrera universitaria y obtener un título no garantiza un empleo, pero eso no significa que todo sea en vano. La universidad te da mucho más que un título al completar el plan de estudios. Te da un arsenal de diversas herramientas, algunas de las cuales son indispensables para la vida laboral.

Cuando hablamos de universidad, sonemos pensar en conocimiento, pero más que eso, deberíamos hablar de contactos, porque una de las mayores herramientas que te da es la posibilidad de hacer networking. Tus profesores, compañeros y amigos de tu misma carrera, de otras áreas e incluso estudiantes de intercambio son quienes conforman tu red de contactos profesionales. Tan solo piénsalo, estarás compartiendo aula con las mismas personas con las que compartirás el área laboral.

Esa misma gente de la que te rodeas en tus años de estudio será la que en algún momento pueda llegar a ser tu socio, compañero de trabajo, inversionista o incluso hasta jefe. Tejer una red de profesionales en el sector puede hacer que tengas más oportunidades laborales, mantenerte al tanto de lo que pase en el mercado y darte a quien recurrir en distintas situaciones. Aunque ojo, las oportunidades de networking que da la universidad no solo sean dentro de la misma institución, sino también en empresas externas.

Usualmente las instituciones académicas dan la oportunidad de realizar prácticas profesionales antes de graduarse. Este es uno de los intentos más claros por enfrentar el mayor obstáculo de los egresados, la falta de experiencia. Las prácticas funcionan como una puerta a entrar al mundo laboral, ofreciendo a los estudiantes la oportunidad de construir relaciones con profesionales [música] ya establecidos en el área. Estas conexiones pueden darles orientación, mentoría, referencias y hasta oportunidades laborales futuras.

Además, permiten participar en seminarios, eventos de la institución y conferencias, lo que aumenta la red de contactos y la visibilidad en el mercado. No podemos olvidar que en un entorno en el que el título universitario va perdiendo valor y la experiencia va tomando relevancia, las prácticas profesionales que facilita la universidad pueden servir como diferenciador, ya que no solo se enfrentan a desafíos reales que los hacen pasar de la teoría a la práctica, también se fortalecen las habilidades técnicas que se necesitan específicamente en ese campo y las habilidades blandas como la comunicación efectiva, resolución de problemas, gestión de tiempo y el trabajo en equipo.

Otra de las ventajas que dan las prácticas profesionales es que los estudiantes pueden explorar diferentes especialidades dentro de su campo estudio. Esta exploración les permite descubrir qué les apasiona sus fortalezas y debilidades y les ayuda a tomar decisiones más informadas sobre su futuro. Además, pueden descubrir áreas emergentes o nichos de los que no sabían antes. Para algunos las prácticas profesionales facilitan la integración al mundo laboral, pues da la posibilidad de que los estudiantes sigan trabajando en la empresa incluso después de sus prácticas, por lo que al momento de graduarse se podría decir que ya tienen un trabajo asegurado.

Al final sí podemos decir que la universidad y un título no garantizan un empleo ni son una promesa de bienestar para toda la vida. Pero tampoco podemos negar que ofrecen herramientas que ayudan a resistir los cambios del mercado. Promueven el pensamiento crítico, incentivan la creación de contactos y relaciones, facilitan la inserción laboral y ayudan a desarrollar habilidades específicas y blandas. La incógnita cambia. ¿Cuál es el futuro de las universidades? ¿Qué papel deberían asumir para seguir siendo relevantes?

El título universitario no te va a resolver la vida, pero hasta el momento sigue siendo una herramienta que te ayuda a tener un currículum más competitivo, sobre todo en lugares como México, que siguen poniendo peso en este papel. Para algunas empresas y campos laborales, el contar con un título es un requisito indispensable, para otros es un diferenciador de salarios. Y no, la universidad no es una mentira, pero ya no es un boleto automático, un futuro mejor.

El sistema educativo se tiende a reinventar. Como bien dijo Heráclito de Efeso, lo único constante es el cambio. La oferta educativa se tiene que alinear a las necesidades del mercado. Tal vez una solución sería que se enfocara en programas más cortos y flexibles que generen competencias buscadas en el mercado laboral. [música] También el tener modelos educativos que fortalezcan el vínculo entre empresas, gobierno e instituciones académicas para así crear una sinergia que ponga al profesionista en el centro, además de dar orientación vocacional [música] que se basa en la demanda laboral actual.

Pero sobre todo tanto para universidades, estudiantes [música] y titulados, lo importante será la capacidad de adaptarse a los futuros cambios. Sabemos que el papel de la universidad y del título universitario va evolucionando, de eso no hay duda. Así que tal vez la pregunta que nos deberíamos de hacer es, ¿qué es lo [música] que más me conviene según mi plan de vida? ¿Acaso es la titulación el mejor camino para conseguir lo que quiero o me debo de enfocar en otras rutas?

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