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Corsomania · @Corsomania
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Most replayed moment #1
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no sirve el impulso ni el ya estuvo, de aquí soy. Tiene que ser una evaluación fría, calculada, casi cruel contigo mismo, porque en estas situaciones la desesperación es entendible, pero casi siempre es mortal. Aquí viene una verdad que nadie quiere escuchar y que casi
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Most replayed moment #2
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libre de tener que vivir algo así. Pero como este país funciona a base de a mí no me va a pasar nunca, vamos a empezar. Lo primero que va a intentar el crimen organizado no es matarte, es algo peor.
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Most replayed moment #3
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alcaldías completas suelen tener vínculos con el crimen organizado. No es conspiración, es un secreto a voces. Hasta hay funcionarios tomándose fotos con delincuentes y presumiéndolas en redes sociales como si fueran selfies con influencers. Yo soy Corso y si todo
Said at 10:03
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Words
1,744
Runtime
10:35
Speaking pace
165wpm
Reading time
7min
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Opening (first 30 seconds)
Hace un tiempo hice un video explicando por qué unirse al crimen organizado no valía la pena, pero ese video iba dirigido a los alucines. Sí, a los que creen que el narco es emprendimiento, plan de carrera y estilo de vida. Por eso estaba en la portada. Hoy no. Hoy no vengo a hablarle al que quiere entrar, sino al que no tuvo opción. Esta es la versión que nadie quiere grabar. ¿Qué pasa si el crimen organizado te secuestra, te obliga
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Hace un tiempo hice un video explicando por qué unirse al crimen organizado no valía la pena, pero ese video iba dirigido a los alucines. Sí, a los que creen que el narco es emprendimiento, plan de carrera y estilo de vida. Por eso estaba en la portada. Hoy no. Hoy no vengo a hablarle al que quiere entrar, sino al que no tuvo opción. Esta es la versión que nadie quiere grabar. ¿Qué pasa si el crimen organizado te secuestra, te obliga o te engaña para que trabajes para ellos?
Y antes de que alguien se emocione o piense a ver si aprendo algo útil, las probabilidades de que sobrevivas son bajísimas, pero bajísimas ni el que ni un tutorial de YouTube te salva, porque este tipo de reclutamiento no es para hacer una carrera, tampoco para subir de puesto ni para comprarte una troca. Es para usarte como carne de cañón, gente desechable, personas enviadas a zonas calientes a pelear la plaza, no para ganarla, sino para reducir números, de preferencia a sus contras.
Aquí puedes morir en el entrenamiento, puedes morir peleando o puedes morir simplemente porque sí, porque en este sistema tu vida vale menos que la bala que te toca. Así que lo repito por si alguien aún piensa que exagero. Las probabilidades de salir vivo son muy pero muy bajas. Dios nos libre de tener que vivir algo así. Pero como este país funciona a base de a mí no me va a pasar nunca, vamos a empezar. Lo primero que va a intentar el crimen organizado no es matarte, es algo peor.
Borrarte. Van a buscar despersonalizarte. Eso, ¿qué significa? destruir quién eres para volver a armarte como algo más útil, como un objeto, un recurso o una herramienta obediente. Básicamente, un humano en modo desechable. Por eso dejan de llamarte por tu nombre. Ahora eres el flaco, el niño, el pollo o si se sienten creativos, un número. Y si no, puro grito y grosería, porque ponerle nombre a alguien lo humaniza y aquí de eso no se trata.
Te van a vestir igual que todos, te van a decir cuándo comes, cuándo duermes, cuándo vas al baño y de vez en cuando te van a humillar o castigar sin razón aparente. No porque hiciste algo mal, sino porque el miedo funciona mejor cuando es impredecible. Pero eso sí, hay algo que tienes que pelear, es tu cabeza. Repite tu nombre en silencio, quién eres, de dónde vienes, detalles de tu familia. No por nostalgia, sino porque eso es lo único que no te pueden quitar si no los dejas.
Haz ejercicio mental, cuenta las horas, los días, repite rutinas imaginarias y si crees en algo, ora, no porque vaya a pasar un milagro, sino porque mantener la mente estructurada es resistencia pura. Decirlo es fácil, aplicarlo es casi imposible. Ahora, algo importante, cuando un captor es amable, no es amabilidad, es una herramienta, no es empatía, es control psicológico. Si eso te llega a pasar, no confíes, pero tampoco confrontes, porque aquí no buscamos dignidad, buscamos sobrevivir.
Aparte tienes que observar todo lo que puedas sin ser obvio. V si puedes captar sonidos como de trenes, campanas o perros. También observa las rutinas como quién entra, quién sale y a qué horas. También los acentos regionales, patrones de vehículos. Vaya, información que en el momento parece inútil, pero que después puede valer más que tu celular o que tu vida. Y algo clave, no hables de tu vida privada. O sea, no hables de tu familia, ni de tu pareja, ni de tus amigos.
Tu información debe ser mínima, ya que todo lo que digas puede usarse después para extorsión o amenaza. Si te preguntan, "¿Tienes novia?", tú simplemente dices, "No, aunque tengas." Si te preguntan si tienes amigos, tú solamente di, "Pues de la escuela, solo ahí." Si te preguntan por nombres, tú nunca digas los reales. Usa apodos genéricos, intercambiables, olvidables. También si te preguntan a qué se dedican tus padres, tú di empleados.
Y aquí va algo bien crudo. Si tus padres son empresarios o tienen dinero, hablen de esto antes. Pónganse de acuerdo en una versión simple y consistente que argumentar, porque cuando el crimen organizado ya tiene la información correcta, no pregunta. Y cuando pregunta es porque todavía no decide cómo usarla. Aquí no se trata de valentía, se trata de no parecer un problema. Debes aparentar su misión y cooperación, no porque estés de acuerdo, sino porque el objetivo es que te vean como manejable, no como una amenaza que hay que desaparecer por si acaso.
Con el tiempo bajar un poco la guardia de los captores, no porque confíen en ti, sino porque el ser humano se acostumbra incluso al horror. Sé útil, pero no indispensable. Haz lo que te pidan de forma discreta, sin destacar ni el héroe ni el inútil. Y aquí va algo contrainttuitivo y bien [ __ ] No seas demasiado eficiente. Si te vuelves muy bueno, te conviertes en un activo valioso y a los activos valiosos no se les deja ir.
Mejor sé lo suficientemente torpe para recibir castigos leves, pero no tan inútil como para estorbar. Sí, es absurdo. Bienvenido a la lógica del terror. También cuida tu salud en lo que puedas. Come lo que te den, bebe lo que te den, aunque sea poco, porque un cuerpo débil no aprovecha oportunidades. Y por último, busca privilegios mínimos, nada grande, nada que llame la atención. Después de cierto tiempo de buena conducta, algunos captores relajan apenas la vigilancia.
Manos sin atar para comer, ir al baño sin tanto escolta, unos segundos más despacio. Son cosas pequeñas, pero en este contexto lo pequeño puede ser crítico. Aquí viene la parte donde muchas películas mienten, porque en el cine el escape es heroico, musicalizado y con cámara lenta. En la vida real, un escape fallido casi siempre termina en tortura o muerte. Así de simple, así de culo. Por eso intentar escapar no es un acto de valentía, es un cálculo frío.
Solo deberías considerarlo si tienes cierto nivel de certeza sobre dónde estás. Por ejemplo, si escuchas tráfico constante puede indicar que estás en zona urbana. Y aunque suene básico, en estas situaciones cualquier pista puede ser oro o puede ser una ilusión creada por tu desesperación. También puedes observar si existe un patrón real de descuido, no uno que deseas que exista, uno que se repita. Un guardia que se duerme siempre a la misma hora, una vigilancia que baja en ciertos momentos o una cerradura visiblemente deteriorada.
No es buscar esperanza, es buscar consistencia. Y algo que parece obvio, pero en el pánico se olvida, debes tener una idea de hacia dónde correr. Ubicar previamente un punto con actividad humana, una tienda, una casa con luz, una calle transitada o incluso un lugar donde puedas ocultarte temporalmente, porque correr sin dirección no es escapar, es solo cambiar el lugar donde te van a encontrar. Aquí no sirve el impulso ni el ya estuvo, de aquí soy.
Tiene que ser una evaluación fría, calculada, casi cruel contigo mismo, porque en estas situaciones la desesperación es entendible, pero casi siempre es mortal. Aquí viene una verdad que nadie quiere escuchar y que casi nadie dice en voz alta. Lo más probable es que no salgas vivo de ese lugar. Las personas que han logrado salir libres son poquísimas. una anomalía estadística, una historia que se cuenta porque justamente no debería existir y no, no es pesimismo, es el sistema funcionando como fue diseñado.
Por eso, si consigues un objeto punzante como un clavo, un pedazo de metal o cualquier cosa, no lo uses para atacar. Eso no es valentía, es suicidio acelerado. Úsalo para algo mucho más frío. Dejar constancia de que existe. Grave información crucial como tu nombre, la fecha del secuestro, características de los captores. Lo puedes hacer en la pared, en el piso, en tu ropa, donde sea. La idea no es que te rescaten, es que alguien algún día pueda reconstruir lo que pasó, incluso si a ti te matan o te trasladan.
También intenta esconder un objeto personal pequeño, un arete, un botón, una moneda, algo que te pertenezca. Eso ayuda a forenses, a investigaciones y a familias. Sí, ya sé. En este país es raro que el gobierno haga algo con esa información, pero entre nada y algo, algo sigue siendo mejor que el olvido total. Y si durante un traslado alcanzas a ver un letrero, una placa, un hombre local, repítelo en tu mente una y otra vez.
No para calmarte, sino para no perderlo, porque aquí la memoria no es nostalgia, es evidencia. Finalmente, y esto es lo más importante, la supervivencia no termina cuando escapas o cuando te rescatan. Si logras salir de ese mundo, si es que lo logras, el crimen organizado va a intentar silenciarte. Porque aquí el problema no es lo que viviste, es que lo cuentes. No te voy a recomendar ir a la fiscalía, no porque no exista, sino porque muchas veces existe de lado equivocado.
Lo que suele aumentar un poco las probabilidades es buscar apoyo con un periodista de investigación de renombre nacional, gente que ya vive con amenazas, que tiene contactos, que sabe cómo proteger información o al menos cómo decirte cómo desaparecer sin morirte de intento. Esto sí no es garantía, nada aquí lo es, pero las probabilidades aumentan aunque sea marginalmente. Aparte en México es extremadamente difícil que alguien secuestrado por el crimen organizado reciba ayuda real, no por falta de empatía, sino por miedo, porque ayudar también te convierte en objetivo.
Acá entre nos hay mucho que hacer, a menos que seas un conocido o un familiar de alguien muy poderoso o parte de ese 1% al que el sistema sí cuida. Y como eso no le pasa al 99% de los mexicanos, mejor no nos hagamos ilusiones. El gobierno no te va a salvar. Y en esos lugares donde pasa esto, la fiscalía, la policía, los municipios y hasta alcaldías completas suelen tener vínculos con el crimen organizado. No es conspiración, es un secreto a voces.
Hasta hay funcionarios tomándose fotos con delincuentes y presumiéndolas en redes sociales como si fueran selfies con influencers. Yo soy Corso y si todo esto te dejó con miedo, coraje o ganas de llorar, tranquilo, eso significa que todavía no eres funcionario público. Adiós.
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