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Corsomania · @Corsomania
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una margarita, mejor cómprate una de esas inflables de Walmart porque la única arena que vas a ver pronto probablemente tenga una cruz encima. Y ya sé lo que algunos van a comentar, pues es que de donde yo soy no hay nada. El crimen organizado es lo único que hay. Ah, okay. Mi pequeño saltamonte
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Así que si pensabas ahorrar para el retiro, mejor ve cotizando el ataú. Sale más barato y fijo lo vas a usar. Los sobrevivientes que ves en YouTube o en podcast son como los tréboles de cuatro hojas, raros, verdes, y casi siempre salieron de lodo. Por cada uno que
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video te voy a contar por qué meterte al narco ya no vale la pena. Spoiler, si el [ __ ] quiere ser tu socio. Dentro del crimen organizado, los ascensos funcionan como en una telenovela, pero sin final feliz y con más entierros que episodios. Los puestos de mando casi siempre quedan para los hijos, los
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Opening (first 30 seconds)
Hubo un tiempo en el que el crimen organizado era sinónimo de poder, respeto y miedo. Hoy es más bien sinónimo de paranoia, traición y cárcel con menú de frijoles fríos. En este video te voy a contar por qué meterte al narco ya no vale la pena. Spoiler, si el [ __ ] quiere ser tu socio. Dentro del crimen organizado, los ascensos funcionan como en una telenovela, pero sin final feliz y con más entierros que episodios. Los puestos de mando casi siempre quedan para los hijos, los primos o
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Hubo un tiempo en el que el crimen organizado era sinónimo de poder, respeto y miedo. Hoy es más bien sinónimo de paranoia, traición y cárcel con menú de frijoles fríos. En este video te voy a contar por qué meterte al narco ya no vale la pena. Spoiler, si el [ __ ] quiere ser tu socio. Dentro del crimen organizado, los ascensos funcionan como en una telenovela, pero sin final feliz y con más entierros que episodios.
Los puestos de mando casi siempre quedan para los hijos, los primos o el compadre del jefe. Aquí no importa cuántas balas esquives, sino cuántas veces cargaste al chamaco en su bautizo. ¿Quieres subir de rango? Olvídalo. En este negocio el mérito no se premia, se entierra. Los pocos que ascienden desde abajo son tan raros que deberían salir en Discovery Channel bajo el título Milagros del narco. En el mundo criminal las oportunidades no se ganan, se heredan.
Y si no llevas el apellido correcto, no te preocupes, igual van a poner tu nombre en algo, solo que en una cruz blanca a la orilla de la carretera. El crimen organizado ya parece feria de empleo, pero sin prestaciones, sin contrato y con una alta probabilidad de finquito express. Hay tanta gente queriendo entrar que ya deberían poner reclutadores en las esquinas con pancartas de se solicita valiente sin apego a la vida.
Antes el negocio daba para todos, ahora lo que se gana se reparte entre tantos que hasta el narco anda buscando beca. Y claro, cuando hay demasiada oferta, el salario baja, aunque el riesgo siga más alto que el helicóptero del operativo. Lo irónico es que los que más se la juegan, el halcón, el repartidor, son los que generalmente menos ganan. Algunos ni llegan al salario mínimo, pero sí alcanzan a salir en la nota roja del mediodía.
En resumen, demasiados postulantes, poco futuro y cero estabilidad laboral. Hasta el oxo te da más seguridad y si te matan, pues mínimo te ponen una veladora. Con tanto integrante nuevo, las traiciones ya son parte del uniforme. Y no hablo de chismes, hablo de plomo, del tipo que no se borra con eliminar mensaje para todos. El mercado está tan saturado que subir de puesto es casi una sentencia, porque aquí la envidia no se guarda, se dispara.
Ya sabes, filosofía del barrio. Y ese puesto no es mío, no es de nadie. Unos te venden por dinero, otros por miedo y los más creativos solo para que no los vendan primero. En este negocio la confianza dura menos que un mensaje de voz en WhatsApp. Hoy eres compa. Mañana actualización de estado. En paz descanse. Dentro del crimen organizado no hay honor, ni siquiera entre ellos. Aquí no solo matan al enemigo, también al compañero de mesa, al compadre del bautizo y si se descuidan al que sirvió los tacos.
Las razones sobran envidia, celos, sospechas o simplemente porque el jefe se levantó con el pie equivocado y el dedo en el gatillo. Nadie está seguro, ni dentro ni fuera. Y si pensabas que tu familia al menos estaba a salvo, sorpresa, ya tampoco. Hoy no solo se llevan al que firmó el trato, también a los que salen en la foto familiar, porque en este negocio ya ni el mal tiene código, solo caprichos, pólvora y árbol genealógico compartido.
Hace no mucho, ni siquiera tres décadas, el crimen tenía algo parecido a códigos: promesas, pactos, respeto entre mafias. Casi parecía una versión violenta de la cabelleridad, pero esos tiempos ya pasaron. Hoy la palabra vale menos que el plomo con el que te la cobran. Las traiciones están a la orden del día. Se venden, se delatan y se ejecutan entre ellos como si fuera parte de un contrato. Antes un trato se sellaba con un apretón de manos, ahora se rompe con un apretón pero de gatillo.
Y lo más irónico, en este negocio, la única promesa que siempre se cumple es la del entierro. Hoy cualquiera con buen filtro y nula expectativa de vida puede ser narcoinfluencer. Autos, fiestas, armas, relojes, viajes, todo bien documentado. Por si los contras o la policía necesitan referencias para encontrarte más rápido. Lo que presumes hoy, mañana es tu ubicación en Google Maps y no hace falta ser hacker. Basta una historia en el gimnasio o una selfie comprando tortillas para que sepan dónde recogerte.
Y claro, uno pensaría que el problema es que te agarre la policía, pero sorpresa, ellos a veces llegan segundos después de los que realmente te querían ver, o sea, los contras. Una publicación mal puesta y listo, se cancela la operación, se cancela la confianza, se cancela tu existencia. Moraleja, si te vas a dedicar a lo ilegal, tu vida no puede ser un reality show, a menos que quieras que el último capítulo sea Narcos edición funeral.
Spoiler, las flores no las vas a oler tú. En el crimen organizado, la corrupción es como un seguro, pero sin cobertura. Hoy pagas para trabajar tranquilo. Mañana cambian al mando y tu póliza caduca más rápido que una promesa de campaña. Esa sensación de seguridad dura lo mismo que un puesto público, poco, porque los funcionarios aborrados están de paso y tarde o temprano alguien les pide resultados y cuando los delitos suben, ¿a quién crees que culpan?
Exacto, al mismo que te juró que te tenía cubierto. Y ahí empiezan los clásicos del género, torturas, traiciones y titulares en el noticiero. Después llega otro funcionario y claro, intentan corromperlo también, pero nunca sabe si está cooperando, grabando o simplemente esperando a que te confíes para venderte con moño y todo. En resumen, sobornar a un funcionario es como ponerse bloqueador en un incendio. Sirve un ratito, pero al final igual termina ardiendo.
Muchos creen que con suficiente dinero se compra tranquilidad. Error. En el crimen organizado, ni con todo el efectivo del mundo vuelves a dormir igual. Bueno, sí, pero con un ojo abierto y la pistola bajo la almohada. No puedes confiar en nadie, ni en tus compañeros ni del funcionario que te sonreía mientras le dabas el sobre. Y tampoco puedes confiar en el genio que sube historias con la troca nueve y etiqueta el restaurante.
Porque aquí cualquier persona, foto o palabra puede ser la última actualización de tu biografía. Sí, el dinero compra autos, joyas, fiestas y hasta respeto momentáneo, pero no compra silencio, ni lealtad, ni descanso. En este negocio, la única paz que te garantizan vienen con flores y mis incluida. En el mundo criminal no hay jubilación ni salida limpia. Aquí no te dan reloj de oro por tus años de servicio ni pastel de despedida con tu nombre, como mucho te cantan las mañanitas ah, con balazos de fondo.
Las opciones de retiro son tres:an, te encierran o te desaparecen. Y de esos tres, el más común es el primero, aunque el tercero tiene mejor plot twist, ni tú sabes dónde acabaste. Nadie se retira a una playa con una chelly chanclas. El único descanso eterno es bueno, eterno. Así que si pensabas ahorrar para el retiro, mejor ve cotizando el ataú. Sale más barato y fijo lo vas a usar. Los sobrevivientes que ves en YouTube o en podcast son como los tréboles de cuatro hojas, raros, verdes, y casi siempre salieron de lodo.
Por cada uno que cuenta su historia hay cientos o miles que ya no están, bueno, que están pero repartidos en varios pedacitos. Y si tú eres de los pocos que logras salir vivo y encima pasaste por la cárcel, felicidades, pasaste del modo difícil al modo pesadilla, porque afuera nadie te espera con los brazos abiertos, a menos que sea el poli que te revisa los antecedentes en los trabajos, cuando lento historial, la entrevista se vuelve Speedro.
Gracias por venir, te llamamos nunca. La sociedad te ve raro, los empleos formales te cierran a puerta y tu única red de apoyo es ah la misma banda que te quería desaparecer hace 2 años. Bonito círculo de la vida. Así que sí, escapar con vida no es el final feliz, es el tráiler de otra tragedia. Y si soñabas con retirarte a la playa con una margarita, mejor cómprate una de esas inflables de Walmart porque la única arena que vas a ver pronto probablemente tenga una cruz encima.
Y ya sé lo que algunos van a comentar, pues es que de donde yo soy no hay nada. El crimen organizado es lo único que hay. Ah, okay. Mi pequeño saltamonte suicida. Déjame darte unas ideas para que orientes tu camino, pero esta vez sin terminar en una narcomanta con tu foto pixelada en las noticias. Empecemos. Aprende un oficio como albañilería, soldadura, electricidad, carpintería, mecánica, plomería. Vaya, son trabajos que no desaparecen, que pagan y que al menos te ensucian de tierra, no de sangre.
Además, puedes trabajar por tu cuenta o emigrar con una base sólida y sin tener que explicar por qué tienes un alias. También puedes aprender a usar una computadora. Y tranquilo, no hace falta ser hacker de la NASA, pero el que domina la tecnología tiene medio futuro asegurado. Incluso con un simple celular puedes aprender diseño, inglés, programación, marketing digital o ventas por internet. Hay cursos baratos e incluso gratis.
Y lo mejor, ninguna incluye escolta. Ahora, si eres más de campo, perfecto. Aprende sobre huertos sostenibles, riego inteligente o cultivos hidropónicos. Eso genera ingresos, comida y cero balaceras. Hasta hay apoyos para jóvenes o mujeres en zonas rurales. Otra opción es irte a otra ciudad, aunque sea temporalmente, pero eso sí, hazlo con un plan. No te vayas en modo de pues a ver qué sale. Y así empiezan las series de Netflix con finales tristes.
También existen becas estatales y federales para educación técnica o universidades rurales. Puede sonar poco, pero un título técnico ya cambia el tipo de trabajo al que puedes aspirar y no incluye turno nocturno armado. Y por último, aprende lo que es el trabajo remoto o freelancing. Si sabes usar internet y puedes enseñar algo, hazlo como traducciones, diseño, clases en línea, atención a clientes, incluso un canal de YouTube donde enseñes a otros a cultivar, cuidar ganado o arreglar motores.
Porque sí, el crimen organizado promete dinero rápido, pero el conocimiento te da libertad y esa, a diferencia del narco, es la única empresa donde no te despiden abalazos. Si quieres seguir explorando la parte legalmente dudosa de la vida, como las cosas ilegales que México tolera o los libros prohibidos que aquí sí puedes leer, te dejo esos videos en pantalla. Yo soy Corso. Estudia, ríete un poco y no te metas al narco, que ahí el único ascenso es al cielo.
Adiós. [música]
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