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Visible Costa Rica · @VisibleCostaRica
Words
1,817
Runtime
11:09
Speaking pace
163wpm
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8min
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Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de expresión. Artículo 19 de Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hola, mi nombre es David Damacio Fernández, soy piloto aviador y de 2017 trabajo en el Ministerio de Seguridad Pública, específicamente en el servicio de vigilancia Aérea
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Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas sin limitación de fronteras por cualquier medio de expresión. Artículo 19 de Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hola, mi nombre es David Damacio Fernández, soy piloto aviador y de 2017 trabajo en el Ministerio de Seguridad Pública, específicamente en el servicio de vigilancia Aérea de Costa Rica.
Eso me hace policía. Digamos entonces que soy un pilocía. Usualmente en mis redes sociales comparto cosas sobre perritos, música, viajes, pero también comento sobre política y realidad nacional porque me gusta. Soy por definición idealista. Soy un ciudadano patriota que juró hace casi 10 años observar y defender la Constitución y las leyes de la República. Estoy consciente que 10 años quizás no sean muchos, pero contando a la señora presidenta doña Laura Fernández Delgado, a quien respeto, he visto como funcionario público cuatro personas lucir la banda presidencial y a todas ellas les he prestado el mismo servicio.
Apasionado, entero, respetuoso y sin limitaciones. De todas las administraciones puedo recordar ciertamente puntos altos y puntos bajos. Lo que nunca había experimentado era miedo. Nunca había siquiera considerado moderar o autocensurar lo que digo, porque entonces no había, y sigue sin haberlo hoy, algo que moderar y que censurar. Suelo ser respetuoso. En ocasiones, por supuesto que utilizo la sátira al doble sentido.
Puedo ser mordaz, ácido y recurrir al humor, pero bueno, la sátira política fue una herramienta de resistencia psicológica utilizada tanto por los ciudadanos bajo el régimen nazi como por los prisioneros en los campos de concentración y los getetos. Burlarse de Adolf Hitler, Herman Goring y maquinaria del tercer Raj era un acto clandestino de desafío que ayudaba a soportar el terror y la deshumanización. Yo por supuesto que no me burlo del poder, ni siquiera me comparo con los prisioneros del régimen nazi, pero sí cuestiono y hablo porque quiero y porque puedo.
Disculpen la introducción extensa, pero es que hoy sí tengo miedo. El viernes pasado fui formalmente notificado sobre que en virtud de dos oficios, uno suscrito por el viceministro de Seguridad Pública, don Nelson Barquero Pérez, y otro por el director del Servicio de Vigilancia Aérea de Costa Rica, Javier Moreira Villegas, se inició un eh procedimiento administrativo disciplinario en mi contra que de acreditarse lo denunciado constituiría falta grave. ¿Podría imponérseme entonces la sanción disciplinaria de 1 a 30 días de suspensión sin goce de salario o inclusive el despido sin responsabilidad patronal?
Pero, ¿qué hice? Bueno, presuntamente tuve una conducta irregular e incompatible con mis deberes inherentes en la investidura policial al dar declaraciones al medio de prensa CR hoy, en las que me referí, en mi carácter personal y nunca en nombre de la institución en la que trabajo, a la calificación obtenida por Costa Rica ante la Organización de Aviación Civil Internacional en la más reciente auditoría. Además, el hecho más grave que se me endilga es haber cuestionado el desempeño y las gestiones realizadas por la presidenta de la República, doña Laura Fernández Delgado.
[suspiro] Ser policía no significa que uno pierda su derecho a pensar, a opinar o a cuestionar. Un policía, igual que cualquier otro funcionario público, puede cuestionar las actuaciones de esta presidencia o de cualquier otro funcionario público, especialmente cuando se trata de asuntos de interés público. Y quiero ser claro en esto. Mis publicaciones no son injuriosas ni difamatorias. No he cometido ningún delito por expresar lo que pienso, ni he utilizado mis redes sociales para atentar contra el orden constitucional.
Una cosa es que a alguien no le gusta lo que uno dice y otra muy distinta es pretender convertir una crítica o una opinión en una falta disciplinaria. Cuestionar el poder no es un delito y tampoco debería convertirse en una falta simplemente porque quien cuestiona viste un uniforme. Yo tristemente percibo este proceso disciplinario como una auténtica represalia y como una forma de censura frente a mi decisión de cuestionar al poder.
Y lo digo con absoluta seriedad y con respeto porque no se trata únicamente de publicaciones en redes sociales o de declaraciones en medios de comunicación. Durante todo este tiempo he utilizado también los mecanismos eh institucionales que existen precisamente para denunciar y cuestionar actuaciones de funcionarios públicos. Acudí entonces a la Fiscalía para denunciar hechos que que consideré constitutivos de posibles actos de corrupción relacionados con funcionarios del Consejo Técnico de Aviación Civil y también de la Dirección General de Aviación Civil.
Posteriormente y más recientemente interpuso un recurso de amparo contra el poder ejecutivo por la omisión en el nombramiento del Consejo Técnico de Aviación Civil. Es decir, he cuestionado públicamente al poder, pero también lo he hecho por las vías formales y legales que están a disposición de cualquier ciudadano. Y ahora, después de haber cuestionado precisamente esas instituciones y las actuaciones u omisiones del poder ejecutivo, es que enfrento un proceso disciplinario que puede terminar con mi despido sin responsabilidad patronal.
Para mí esa secuencia no es una coincidencia menor. Constituye una represalia por haber cuestionado el poder y por haber ejercido derechos que cualquier ciudadano, incluso un funcionario policial, conserva. No estoy diciendo, no estoy diciendo esto para victimizarme. Lo digo porque considero que el contexto completo del caso demuestra que aquí no se está juzgando simplemente una publicación aislada, sino que existe un antecedente de cuestionamiento a determinadas autoridades e instituciones y posteriormente una reacción disciplinaria desbordada que puede tener como consecuencia la pérdida de mi empleo y de mi sustento.
Eso desde mi perspectiva es precisamente lo que convierte este proceso en una forma abusiva de deshacerse del incómodo. Yo soy ese incómodo. Cuando se utiliza el poder disciplinario para castigar o para silenciar a quien cuestiona el poder, estamos frente a prácticas que históricamente se asocian con regímenes autoritarios y dictatoriales, donde la crítica deja de ser un derecho y empieza a convertirse más en una amenaza que ha de erradicarse a toda costa.
Yo, sin embargo, decido creer en Costa Rica. Decido creer en su gente buena, en las personas que me han tendido la mano y en la ayuda que sé que voy a recibir. Decido creer en mi verdad y en mi abogado, pero sobre todo decido creer en la institucionalidad de este país y en la capacidad de sus autoridades para revisar este proceso con objetividad, con serenidad y con apego a la ley. Quiero creer que todavía existe la posibilidad de que quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones puedan detenerse, revisar los hechos y recapacitar sobre el rumbo que ha tomado este procedimiento.
Porque al final mi confianza no está puesta únicamente en que yo pueda defenderme, sino en que nuestras instituciones tengan la fortaleza suficiente para reconocer cuando un proceso no corresponde del todo y se puede corregir. Esa es la Costa Rica en la que yo hoy decido creer. Señora presidenta, ahora me refiero a usted. Yo no la conozco personalmente, pero somos vecinos. Vivo a unos 400 met de su casa y todas las mañanas y casi todas las noches escucho pasar el convoy de mis compañeros que tienen a cargo su seguridad.
Ni esa cercanía entre nuestros domicilios y mucho menos mis publicaciones constituyen una amenaza para usted, para su gobierno o para su equipo. Yo la respeto y como piloto policial puedo hacer mi trabajo también por usted como lo haría por mi mamá o por cualquier otro ciudadano, porque ese es mi deber y yo lo hago con amor. Lo único que le pido es que me deje cuestionarla cuando corresponda. Déjeme señalar aquello con lo que no estoy de acuerdo.
Déjeme felicitarla cuando considere que lo merece y déjeme ejercer sin miedo y sin represalias los derechos que me corresponden, porque antes de ser funcionario público soy ciudadano y sobre todo le pido que impida que sus subalternos, que al mismo tiempo son mis superiores jerárquicos, utilicen su posición de poder para amedrentarme o para hacerme sentir que cuestionar el poder puede costarme el trabajo. No le estoy pidiendo un privilegio ni un trato especial.
Le estoy pidiendo que se me permita ejercer todos mis derechos, todos y cada uno de ellos, y que me permita cumplir con mi deber sin tener que escoger entre uno o lo otro. En una democracia no solamente es deseable cuestionar al poder, es necesario cuestionar al poder. Es imperativo que quienes ejercen funciones públicas puedan ser cuestionados y que su desempeño sea fiscalizado por los ciudadanos. Y precisamente por eso, cuando se pretenda justificar un proceso disciplinario en mi contra, también debería mirarse quién soy y cuál ha sido mi trayectoria.
En casi 10 años de servicio, no tengo un solo antecedente disciplinario ni un proceso administrativo en mi contra. Mis evaluaciones del desempeño son todas excelentes. Señora presidenta, yo formo parte de los policías que usted misma ha dicho que le ponden el pecho a las balas. Sois de esos policías a los que usted ha llamado héroes y que todos los días enfrentan el riesgo de no regresar a casa por protegerla a usted y a todos los costarricenses.
Entonces yo le pregunto con verdadero y genuino respeto, ¿de verdad cuestionar una decisión suya? Pensar diferente a usted, a su equipo, o expresar públicamente mi desacuerdo sobre que no se hayan nombrado puestos críticos en aviación civil, ¿de verdad puede hacer que yo merezca ser despedido? Puede una opinión personal o un criterio técnico dado a un medio de de comunicación o de prensa borrar casi 10 años de servicio, una trayectoria limpia y el trabajo que he realizado como policía.
Yo quiero creer que la respuesta es no. Esa no es mi Costa Rica. Me despido diciendo que me siento profundamente defraudado, me siento decepcionado y sinceramente muy triste, no por el proceso que se ha iniciado en mi contra, porque siendo completamente honesto, ni siquiera me sorprende, sino porque esto representa todo lo peor que hoy vive Costa Rica. Yo creía que estas cosas no pasaban en Costa Rica. Y yo veré de dónde saco los recursos para pagar mi defensa.
Yo veré cómo hago para que este proceso no afecte la calidad del servicio que le presto a mi país. Porque Costa Rica no merece menos que todo mi amor, todo mi compromiso y todo mi servicio. No voy a permitir que una situación como esta me haga incumplir con mi deber, ni que me paguen los ciudadanos, perdón, ni que paguen los ciudadanos las consecuencias de un conflicto que no provocaron. Tampoco me voy a callar. Seguiré diciendo lo que pienso con respeto y con responsabilidad y por las vías que la ley me permite.
Porque dicen que donde haya un costarricense habrá libertad.
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